27 th January 2020

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“Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio”, escribió Virginia Woolf en 1929 en su obra A room of her own. Desde entonces, la autora británica señalaba la necesidad femenina de conseguir un lugar de trabajo independiente para dedicarse exclusivamente a su oficio.

Una visión similar motivó a la guayaquileña Lissette Arellano (madre de dos niñas) y a su esposo a abrir el coworking al que han llamado Co-madres, ubicado en la ciudadela Urdesa central (calle Dátiles y Tercera).

Su objetivo: ofrecer a las mujeres guayaquileñas un área de oficina donde puedan reunirse a desarrollar sus propios proyectos y donde también pueden llevar a sus hijos (en el caso de tenerlos).

Uno de nuestros pilares es el área de niños (con capacidad para quince infantes). Definitivamente, es una necesidad que todas las madres tenemos: poder desarrollar nuestros emprendimientos sabiendo que nuestros hijos están cerquita de nosotros y están siendo bien cuidados.

Otro de los beneficios que diferencian a este espacio de otros es contar con una tienda con vitrina a la calle (abierta al público), donde se exhiben las marcas impulsadas por las socias del coworking. “La tienda ha tenido mucha acogida, está abierta de 09:00 a 18:00 de lunes a viernes y sábados, desde las 09:00 hasta el mediodía. Abrimos en diciembre con 5 marcas y ahora tenemos 25”.

La oferta de espacios de trabajo se divide entre diferentes tipos de oficinas que se ajustan a la necesidad de cada proyecto y cliente: oficinas privadas (con diseños vintage, industrial y minimalista). Semiprivadas (cubículos ubicados a la entrada y que pueden resultar ideales para aquellas mujeres que tienen una jornada de oficina breve, hacen algunas llamadas, envían correos y que luego tienen que salir). Y también disponen de salas de reuniones y espacios de trabajo abiertos.

Todas las usuarias tienen acceso libre a la cafetería, se les asigna un espacio en percha del Co-market, internet e impresiones. Quienes contraten un paquete de oficina podrán disponer, además, del área de niños.

“Aspiramos a que sea un espacio donde muchas mujeres se sientan cómodas de compartir sus experiencias y se den cuenta de que hay otras mujeres que están pasando por los mismos desafíos y que entonces, si siento ese apoyo, puedo lograrlo”, expresa. “Es importante sentirse en comunidad, pueden venir a encontrar alianzas con otras marcas o amigas para contar con una base de apoyo”.

Hasta la fecha han organizado actividades de lectura y lanzamientos de cuentos para niños, talleres prenatales, cursos de redes sociales para mujeres emprendedoras, de relaciones públicas para negocios y de planificación financiera.

Aunque se trata de un espacio enfocado en mujeres, su propietaria aclara que no significa que las puertas estén cerradas para los hombres. “Sabemos que hay muchos papás y esposos que apoyan a sus parejas. Y pueden también integrarse a nuestras actividades”.

Historia del ‘coworking’

El uso del término coworking se relaciona con un entorno de oficina compartido y fue utilizado por primera vez por Brad Neuberg en 2005, quien creó el primer espacio de coworking en San Francisco, California (Estados Unidos) al que llamó San Francisco Coworking Space.

Sin embargo, un área coworking no se trata solo de compartir infraestructura y costo entre colegas, su concepto se relaciona con pertenecer a una comunidad, una forma de trabajar y de dar y recibir ayuda.

Los espacios de coworking a nivel mundial están diseñados para proporcionar un entorno productivo y de colaboración para sus usuarios. Pueden resultar atractivos principalmente para trabajadores independientes o que trabajan desde sus propios hogares, sin las distracciones de las que pueden estar rodeados en sus domicilios.

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